Something Is Happening Here, But…
(O cómo no escribir sobre Bob Dylan)
No se trata de defender la figura intocable de Dylan, cosa claramente innecesaria. Tampoco se trata de que haya que ser un obsesivo de su obra para poder escribir sobre él. Lo que molesta es que, como con cualquier figura sobre la cual se ha dicho casi todo, se intente analizarlo sin decir finalmente nada.
El caso en cuestión es un artículo sobre el nuevo disco del de Minnesota. Uno de Navidad, nada menos: Christmas In The Heart.
Dice la nota de El País (“Like a rolling Santa Claus“):
[La idea de un disco navideño] parecía una ocurrencia chusca: aparte de su origen judío, Bob Dylan no tiene precisamente un perfil de hombre hogareño y amante de las tradiciones. Pero Christmas in the heart ya está en fábrica…
Y tras analizar el que no sea sorpresa que se trate de un disco de caridad, se sigue por el lado de la supuesta dicotomía cristiano-judío del cantante:
Tampoco resulta gran novedad el hecho de que un creador judío conmemore unas fiestas cristianas. Aparte de que Dylan tuvo una estridente etapa de cristiano fundamentalista a finales de los setenta, lo cierto es que los rituales de la Navidad, tal como los practicamos, fueron codificados y difundidos por Hollywood, cuyos magnates (judíos) estaban decididos a potenciar la cultura de la mayoría, en su ansía de asimilación en el crisol estadounidense.
Finalmente (y a pesar de que, como se dijo, se trata de un disco de caridad) se enfatiza el aspecto de ritual comercial del álbum navideño:
En realidad, los discos navideños constituyen un sector significativo del negocio discográfico en EE UU; resultan prácticamente una obligación en mercados como el country o el soul. Todo tipo de artistas han cedido a la tentación de grabar un christmas álbum o al menos alguna canción suelta.
¿Cuál es la tesis de esta nota? ¿Que pese a su estampa de iconoclasta, Dylan no deja ritual de la estrella pop sin cumplir? ¿Un análisis del significado cultural de que lance un disco navideño a estas alturas de su carrera? La verdad, no me queda claro. Leyéndola un par de veces, me parece lo que muchos textos sobre rock: un conjunto de datos pop, referencias cruzadas y nombres de canciones que parecen decir algo mientras no nos esforcemos mucho en volver a leer.
De partida, ¿para qué enfatizar lo del origen judío si, tal como reconoce la misma nota, Dylan tuvo una famosa fase cristiana? De hecho, nadie sabe muy bien cuáles son sus convicciones religiosas, y él está muy bien gracias sin aclarárselo a nadie. La única cosa que ha quedado establecida en sus más de cuatro décadas de carrera es que suele hacer cosas inesperadas. (Me ahorro los detalles; ahí hay una pila de biografías).
Es más, si se va a insistir, como hace la nota, en este posible conflicto cultural cristiano-judío y los orígenes de la Navidad como la conocemos, lo que el autor pierde de vista es una cosa mucho más importante. Más que judío o cristiano, Dylan es estadounidense, un producto de ese crisol en el que —tal como lo pone la nota— no tiene arte ni parte. La omnipresencia de la Navidad en Estados Unidos —y de su música— es ineludible. (Y ya que estamos, si mal no recuerdo, en el concierto navideño de la Familia Wainwright de hace unos años, Rufus dijo haber intentado encontrar una canción de Hanukkah que supieran todos, sin éxito).
Pero me desvío.
El artículo tiene inconsistencias. Dylan sí ha sido hombre hogareño, a pesar de las giras y las aventuras (los años que se escondió en Woodstock a criar a sus hijos, el segundo matrimonio del que nadie supo hasta 2001, la confesión en su autobiografía de comprar un autoadhesivo que exhibía su orgullo de ser abuelo, la historia de cuando hace poco fue a cantar a la escuela de sus nietos), y también es un tipo de tradiciones (¿Qué es la música folk sino tradiciones? ¿Qué son las canciones navideñas sino pura música folk? ¿Qué son todas sus referencias a la historia de Estados Unidos, las giras interminables por ferias agrícolas y estadios de béisbol?).
Lo difícil de criticar a Dylan por inconsistente o comercial es que en su larga carrera ya ha marcado casi todos los casilleros posibles, desde renunciar al título de voz generacional a volver a ilusionar y luego confundir y luego soprender nuevamente a sus fans. Y entonces, cuando se aprestaban a coronarlo, hacer como si nada, anuncios comerciales para Pepsi, iTunes y Victoria’s Secret.
Además, tal como un cigarro es a veces sólo un cigarro, un disco navideño es a veces sólo un disco navideño.
Lo que pasa es que cuando el disco es de Bob Dylan, hay que apagar el cigarro bien apagado.
